domingo, 16 de diciembre de 2012
MEDICINA ALTERNATIVA
Aquel domingo mi vecina la melindrosa no se quejó por el volumen de nuestra radio, no llamó
a los antidisturbios cuando pusimos la lavadora y, lo más sorprendente, no decidió barrer la puerta
en el preciso instante en que nos disponíamos a salir. Ya estábamos a punto de convocar una reunión
extraordinaria de la comunidad sorprendidos ante su prolongada ausencia del descansillo cuando
la realidad más prosaica nos hizo desistir: doña Dolores la tísica había amadrinado a un polaco
de abdominales impolutos que había solucionado sin antibióticos sus problemas de oído.
Anabel Caride
Publicado en la revista Nueva Grecia 1
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