Mira, ya te cuelas, luz recién nacida
en los patios interiores aun mojados.
Vigorosas, se alzarán las ramas sombrías
de los helechos a la búsqueda de tus décimas.
El agua melodiosa me devuelve la luz.
Y en el centro de mi patio, la fuente sagrada.
El deshielo de la escarcha se produce en mis muslos.
Sobre la piel fresca una rosa cárnica
se despereza, se abre, se desgrana suave…
Brilla como un pétalo de nácar.
La luz entra directa y se expande en la casa.
En el centro de mi patio, la fuente sagrada.
Mira, ya huele la tarde a higos maduros
y a miel de abejas. Un caracol que me trepa.
Me mira sólo con una antena, con la otra
el abismo entre la planta de mi mano y la tierra.
Mariquitas de San Juan: deseadme suerte.
Chavela Cervantes
Publicado en la revista LetrasTRL 53
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