Dime tú, ¿a quien le importan
las lágrimas azules del canario?
¿Las hormigas no duermen?
¿De qué estaban hablando
en el viejo jardín las rosas moribundas
y los rayos del sol?
Si el jardinero es sordo,
¿por qué llora la música?
Un querubín travieso se reía de sí mismo.
Era tan pobre Dios que creaba y creaba,
sin descanso, universos efímeros.
El árbol de la vida, ¡ah vida mía!,
se sentía abandonado por su sombra.
Una rama, unas hojas...Nidos de colibríes.
Lo invisible visible. Déjame que te diga...
¡Oh, no, mejor me callo!
Cuanto sé del silencio
es que yo no sé nada del silencio.
Sigue gritando tú. Sigue y sigue gritando.
Yo no puedo creer, nunca he creído
y nunca he de creer
en la hojalata absurda del absurdo
e inútil griterío.
Es por eso, es por eso, por aquello y lo otro,
que quisiera saber... ¿Lo sabes tú?
¿Alguien lo sabe?
Dime tú, ¿a quien le importan
las lágrimas azules del canario?
JUAN CERVERA SANCHIS -México-
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