lunes, 23 de febrero de 2015

SIGUIENDO LA CORRIENTE.


La cosa fue así;
subieron a decirnos que bajáramos,
bajaron a decirnos que subiéramos,
se arrastraron
para obligarnos a caminar,
nos miraron para conseguir
que nada viéramos
y,
por fin,
nos gritaron
para pedirnos
que no los escucháramos...
¡Que no podemos comer!
Se ha terminado la comida,
se ha cerrado el restaurante
y los perros olfatean los desperdicios,
maldiciendo entre gruñido y gruñido,
por ese pan que hoy
les ha faltado.
Ladremos por ser vistos,
por ser oidos,
muramos para poder vivir,
desconfiemos de nuestros amigos
que sólo saben
aconsejarnos
prudencia.
Sigamos la corriente
para
que nos dejen
vivir...

Julio G. del Río

No hay comentarios:

Publicar un comentario