Desde mi ventana veo caer la nieve,
una paz inunda mi ser, pues,
el paisaje invita a visitar
las alamedas y los cipreses,
a andar por los caminos
donde el alma me lleve,
pues soy hija del sol, del viento, del frío
de atardeceres bellos, de nieblas,
de ventiscas, de silenciosos
amaneceres,
donde su luz se oculta
casi siempre.
Soy de un lugar agreste,
de cimas infranqueables y peligrosas,
¡oh sierra¡
¿Cuántos hijos han muerto
por tu belleza inmaculada?
los seduces y confiados entran,
ignorantes de tu gran poder,
pues caen en tus precipicios ocultos,
desorientados, ciegos,
y ¡qué pena su búsqueda¡
sabiendo que no soportan
tus heladas tormentas,
tus noches tremendas de frío
que hiela sus venas.
¡Ah montañas divinas¡
que al contemplar tu belleza
sentimos empequeñecida el alma,
más como el mar,
también tienes tus sirenas,
y aquel que las escucha
queda hechizado,´
y hay que rescatarlo,
pues perecen dormidos,
los matas con tu silencio,
eres la vida, pues eres belleza,
más también la muerte,
pues tu frialdad y tiranía,
hielas los corazones de los poetas.
que se adentran ignorantes,
sin saber que eres otra madre feroz,
que habita el planeta.
FRAN TRO -España-
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