Los árboles sollozan, la tierra diluye sus lágrimas, no le da lugar a la nieve,
clava el incesto en la raíz, al límite con aridez. Me exalto. La bruma es
fantasma, palacio donde vi los corderos, allí son inocentes los poetas, vertieron
la sangre en el cáliz y brindaron por el acorde, unidos, en la isla que nos vio
partir, segura de sí misma.
II
Las rejas en una ciudad opacan el candor a los vitrales, ostentan ser tiernos
dealas, peinados que ven la cabellera de una mujer y hacen el ritual de las
flores sin que el ángel culmine su faena en brote de cuerpos, vuelven a ser
clavel y el amor no se ajusta al coro porque los cisnes no hallan el brío. Son
tempestad, mejillas a lo inédito, callados y la calle en rumor, cielo donde la
siempreviva es razón del agua, árboles, yugo y aroma, unión de los confiados,
pupila para volver a donde el ojo aprisiona y abre el matiz que esconde el
astro, espejo hacia el mundo: llaga con pocos dioses para dormirse.
III
(A Virgilio Piñera y su isla en peso.)
Mi caracol es asa de siempre, el mismo país, los muros, el mar que rodea los
sueños, los peces que no conocen nuestros ojos. La isla con su cinturón de
agua, los fantasmas que azotan, ojos de sangre, golpe a lo inaudito, clamor de
esperanza, llaga sin luz como destierro. Vida que se penetra con la espada,
hambre de palomas que lloran sus mendrugos. El pan se endurece y los
dientes se parten en el dominio de águilas nocturnas ¿a dónde van los hombres
que mueren su esperanza? ¿Qué cruz maldice la iniquidad y el abandono? La
isla emerge de sus guijarros va rompiendo la carne, sus lágrimas rojizas se
esparcen sobre la tierra, busca a Dios que levanta la cruz y asesta el golpe.
Mientras yo sigo en mi caracol, el mismo país, los muros y el mar que rodea los
sueños.
Odalys Leyva Rosabal -Cuba-
Publicado en la revista Oriflama 25
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