martes, 3 de febrero de 2015

REGIMIENTO SIN CAÑONES


Apareció en forma de verso
y tiñó de sangre las viejas historias.
Un niño de color violeta y un águila,
con dulzura inmortalizan aquella noche.

Un triste arrebato explora entre cadáveres
los gallos de crestas rosadas,
apostados en las filas de combate,
extraña vida del muerto para avistar la furia del tigre.

La chica de cola ancha sangra, vientre de amor
que el horizonte viola a medio día.
La desnudez de la noche comparte el olvido de las horas.
Muy joven, Lenon abandona Imagen.

Hay una onda de niebla en posición defensiva
que sopla el aliento frío con sabor funerario.
Ni una luna de dolor tan ancha como una tumba
con su ropaje lírico y sonoro levanta la pleamar inmensa.

Retuerce el viento la agonía en el reflujo de la batalla.
Iza en la boca una violeta, ramas secas le arranca los pétalos,
y en sus ojos guarda su último viaje
donde el perfume inflama las lágrimas de la aurora.

Donde el mar duerme se encuentra un abanico desplegado,
junto a sus pies: el alba en marcha,
junto a sus pies: la mariposa amamanta al niño,
junto a sus pies: un ruiseñor mutilado amputa su cola,
el alba en marcha encuentra la muerte,
la mariposa amamanta con negra sangre,
un ruiseñor junto a su vientre.

Un soldado amuralla con sombras
una garita cubierta de niebla,
que devora
porque tiene miedo.

En su cintura de vidrio,
el algodón topografía el silencio
de la noche fría,
mientras,
el sueño se venga con tambores y gritos.

Ajena al oro, ante la sangre
se ha desplazado una yegua dorada,
refleja en sus labios gruesos
expediciones de lunas ciegas,
que abren la noche victoriosa
sobre suspiros de gangrena.

Gangrena del jinete envuelto en alas.
Alas invisibles que envuelven
los huesos arrancados sin plumaje.

Manuel Vílchez y García de Garss

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