Mi cuerpo ya no responde
a la llamada ni entrega.
Como un pozo hondo y muy seco
donde no existe cubo ni cuerda,
para sacar agua esperanzado
de lo más profundo de la tierra.
Pero… mi sed persiste y aumenta,
igual que las dunas del desierto,
acumulo con viento la arena,
sin importarle a nadie, ni a nada
la venganza ejercida del tiempo.
¡Esa implacable naturaleza,
de la que sin merecer castigo
se traga todas mis esperanzas
incluso antes ya de que florezcan!
Mayte Andrade -Benicarló - Castellón-
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