lunes, 23 de febrero de 2015

LA POESÍA



¡Ah idolatría ésta la mía!
Morena de cacao y menta,
discurso de algarabía,
si apenas es calmo tu aspecto de estructura.
A donde doy licencia de suspiro
en el soliloquio de tu vientre preñado de palabra.

Versos de luz te recreo con treinta minutos de diferencia,
cada vez que el sol intrépido entra salpicándome tu mirada
y yo me camino una hectárea de tristeza sin dolores.

Cada día es tu femenina cóncava situación,
tu tallo de diptongo anhelo,
tu vela de hilo, tu cielo de acero.

Si supieras que en tu superficie de orilla
está como placenta reciente,
mi trazo de arena haciéndose camino, vida y destino.

Si tenerte en talle y pómulo sincero
haces que el oráculo de la imaginación se clave en el papel
como una verdad gacela.

Donde aún acechan los lobos hambrientos de Darwin.
Donde su evolución solo fue un instante híbrido de la curiosidad,
donde reina el árbol gris sin fruto,
de la barba de Whitman,
todo ese estero en flor
y fósforo azul, unos peces portátiles que van cojean,
naufragando adentro en la mar de Neruda.

Cuando se desbocaban en mitad de surrealismo
los corceles indomables de Paz,
así todo callada en un cuarto de silencio,
alumbrando, rielando, a capote y espada de rocío,
ahí, le daba sus estocadas a la rima, Lorca
a su luna verde de folclor y follaje,
siempre certero y brutal el granadino.

Si apenas sucedió ayer, y existías,
juglar nacido,
beso de hoy,
horas que son estrellas de azul,
los cuerpos,
la lluvia que nos moja
con voz de trébol, fertilizándonos
con sed y cenit,
hojas que dan a las veredas del tiempo,
después que todo germine,
se hacen bardos y frutos maduros
las palabras.

Belén Aguilar Salas -Costa Rica-

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