miércoles, 4 de febrero de 2015

LA AUTOBIOGRAFÍA


Había llegado el momento de resumir y decidió escribir su autobiografía. Realmente le ilusionaba y se regodeaba en pensar que podía plasmar en ella, no solo sus vivencias como notario, sino también su sentir de vida. Reorganizó su despacho buscando más intimidad y pidió que no se le molestara, bajo ningún motivo, mientras estuviera en él. En su familia, ignoraban realmente lo que hacía. Aspiraba a sorprenderlos.
Fueron meses de escritura y reescritura, de borradores y dudas sobre episodios que pudieran aún herir o le deslucieran. Por eso desechó la idea de contar su romance con una vulgar actriz de teatro que conoció en su despacho. Cuando terminó, le entregó lo escrito a su mujer diciéndole:
- No me digas nada hasta que no lo hayas terminado de leer.
A la semana siguiente la mujer irrumpió en su despacho exultante: ¡Gracias, querido! ¡Qué bien has contado la vida de mi padre! ¡Qué ilusión hará a toda mi familia! ¡Muchas gracias!

ISIDORO IRROCA

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