¡Dios, qué mano tan fría!
dijo el soldado herido.
En la silla de ruedas su figura
sería un árbol joven
con las ramas cortadas.
Porque allí no había mano,
sólo unos ojos hondos,
muy hondos, que parecían
preguntarle algo a Dios.
Del libro TIEMPO DE LA MEMORIA de MARUJA VIEIRA -Colombia-
Publicado en la Antología Todo el amor buscando mi corazón
No hay comentarios:
Publicar un comentario