En esta impaciencia,
en este descaro de soledad, abriga el plenilunio,
abriga el corazón,
y las nueces que corrompen las pestañas,
crujido oportunista de desniveles en el liquido,
ese que asusta o potencia la vida.
Mis caderas son un sopor en el abrigo,
mis manos unas huestes mortales de seducción
en los bordes de los vértices,
y un lunar quiebra el ruego y lo hace providencial
a la certeza.
ISABEL REZMO -Úbeda-
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