domingo, 22 de febrero de 2015

EL SILENCIO DE LOS OTROS


Gritó dos veces: ¡Tierra!, entrando en un grado de excitación extremo. Se movía y giraba con brusquedad sobre su cuerpo como un poseso. Seguía gritando, yendo y viniendo, parándose ante el silencio erguido e indiferente de los otros. Los zarandeaba para llamar su atención y volvió a gritarles, con mayor desesperación y con mayor vehemencia, repitiendo una y otra vez: ¡Tierra, Tierra, Tierra…! Ninguno reparaba en él y seguían inmutables ante el esfuerzo desesperado que hacía para que se le atendiera. Al fin, su voz terminó por apagarse en un ronquido de agonía. Sintió con sorpresa una mano, como una tenaza, sobre su cuello. Quiso moverse aún, escaparse, y terminó por doblegarse y ceder ante la fuerza imbatible del enfermero. Éste pidió ayuda y pronto acudieron con una jeringa a inyectarle un tranquilizante. Cuando el Jefe del Pabellón Psiquiátrico se interesó por lo ocurrido, recibió la contestación acostumbrada: Nada, lo de siempre, el Colón que ha vuelto a descubrir América.

ISIDORO IRROCA

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