Parecía que en la calle no vivía nadie
aún cuando siempre había una ventana que se cerraba,
unos ojos acechantes y el roce de una cortina que se movía con manos ágiles.
Y todos sabían todo.
Se decía que era una calle gafe,
porque en quince días habían fallecido cuatro personas y las flores colgaban mustias de los balcones.
Había un colegio cerca de la infausta calle
pero nunca se escuchaban niños corriendo,
chillidos ni portazos a destiempo
La calle parecía un matadero desahuciado,
no pasaban coches.
Nunca.
Era una calle que no iba a ninguna parte.
Una calle cualquiera.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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