No me dejaban salir,
estaba en el infierno,
luchaba por rescatar a mi amado
cargado de cadenas lo vi,
sabía que lo habían cogido
los hijos de la diosa
por amarse en mí,
era la sombra oscura
de las mujeres que odiaban
a un ser como él,
ya que no era guerrero,
era solo un poeta,
y eso no era bueno para mi
.
Luchaba como podía,
pues miles de gorgonas venían
y se metían en mi corazón,
queriendo anidar en él,
más yo decía que no,
sabía que si lo hacía
a él lo matarían,
ya que ningún mortal
salía nunca de allí.
Me sentía ya desfallecer
y mi mente empezó a nublarse,
de pronto me pusieron un casco
me dieron una lanza y me
convertí fuerte como una roca,
era la diosa Atenea,
sentí la fuerza de un titán,
y rompiendo yo misma
las cadenas salimos de allí,
había vencido a mi sombra,
que por tenerme a mí,
era capaz de matar
o de crucificar,
y la vencí.
Fuera ya los dos,
el me dijo,
no eres ya guerrera,
el casco y la lanza de la diosa
es la fuerza interior,
has vencido con la fuerza de ella
al inconsciente en ti.
y despacito,
nos fuimos levantando
como dos viejecitos,
y nos fuimos los dos
por una calle desierta.
Y las hadas del bosque nos daban alas
para rejuvenecer nuestras almas,
pues estábamos deshechos,
cansados, yo ya ni volaba,
el decía que no bebía,
y empezamos poco a poco a abrir las puertas,
donde la luz era toda color violeta.
FRAN TRO -España-
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