sábado, 21 de septiembre de 2013

ANTÓGENES

La tarde se dibujaba en un ocre naranja. El pavimento soltaba los vapores de la caldera en que se convirtió durante la mañana llena de estiaje.
Pero a Fermín no le preocupaba el calor para nada.  Sentado en la banca del parque “Niños Héroes” daba fe testimonial de los efectos de los inclementes rayos solares de un junio en extinción. -50 grados a la sombra-recordó el reporte del tiempo en la radio.

Levantó la vista y observó las hojas del nogal apenas en un movimiento leve. – lo bueno que esta esté arbolito- y pensó en las personas que no tienen su suerte.

Se quedó viendo a un par de pichones guarecidos en la iglesia de enfrente.
Entonces se acordó. ¿Dónde estará Antógenes? Esa era su real preocupación.
Volteó a ver a su compañero de banca. ¿Crees que venga Antógenes?
-Quien sabe, eso es muy raro ya  que siempre nos acompaña-. No te preocupes Fermín a de andar por ahí husmeando o escondiéndose del calor.
Fermín escuchó a su compañero mientras miraba a una pareja de novios prodigarse caricias.- A estos sí que les afecta el calor- .
¿Crees que venga Antógenes?
Quién sabe.
Un silencio los envolvió tanto que se escuchaba como el calor se evaporaba al caer la noche.
Su compañero terminaba de leer el periódico cuando llamó su atención un recuadro textual.
-Mira Fermín, “Un sexagenario murió la noche anterior víctima de insolación ya  que se expusó mucho tiempo a los rayos solares, según relatan familiares de la víctima que se llamaba Antógenes Garza”-terminó la lectura del periódico.
-Ahh, mira por eso no vino- dijo con asombro Fermín.
¿Crees que venga por nosotros como lo prometió?
-Quien sabe, pero mejor nos vamos ya vez que Antógenes siempre cumplía sus promesas-.
Los dos se pararon de la banca y apenas dieron unos pasos cuando Antógenes venia hacia ellos saludando con la mano levantada.
Y la noche cayó como plomo.

Víctor González Treviño -México-
Publicado en la revista Todas las Artes Argentina

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