Mi primer incidente con Robot
(y el que abría en mi alma la gran desavenencia
que terminó en un crimen de piadosa factura)
sucedió cuando el noble pedagogo
me dictaba el Factor de Cohesión
de los núcleos estables e inestables.
A los que todavía sin grilletes
van del apio a la rosa, bellos como almirantes;
a los que aún entregan a la emoción del viento
una risa pentecostal
en la salud de cristo vivo;
a todos esos raros que aún perfuman el cosmos
digo yo lo siguiente:
La Física Nuclear suelta el olor
de los gases livianos en la Tabla Periódica;
y ese olor al obrar en un alma sensible,
nos da el precipitado de la Melancolía.
No es bueno descender a la materia
sin agarrar primero los tobillos del ángel:
Einstein, el matemático, se libró del abismo
porque midió la noche con el arco
de un violín pitagórico.
Del libro El poema de Robot de Leopoldo Marechal -Argentino (1900 – 1970)-
Publicado en la revista Estación Quilmes

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