jueves, 7 de febrero de 2013

LA PAZ EN INFANCIA PERDIDA Y EL BANQUERO


La paz infantil acompañó a su padre a la reunión de los mineros artesanales: la preocupación por la llegada de la multinacional es el principal asunto en la región. Los ‘Misters’ aducen que tienen títulos de propiedad; pero lo que más preocupa es que manejan la motosierra del paramilitar. El Negro Jairo, arrugado como un acordeón, se acuerda de tiempos remotos en que él ya amaba a esta tierra… otro desplazamiento, a su edad, no lo va a aceptar: resistirá para impedir la llegada de las retroexcavadoras. La paz infantil abre unos ojos como platos ante los relatos que alertan sobre las masacres ocurridas en comunidades aledañas: los lingotes previstos para la banca de Londres ya están cotizados, y al parecer ese oro ya lleva incrustado un exterminio premeditado.

De repente se agotan los segundos, se rompe el paisaje, y todo va muy rápido: cae sobre los humanos la orden codiciosa emitida desde el terciopelo de alguna oficina en el hemisferio norte. La paz infantil se esconde en un recoveco de tierra. El capitán del ejército y los paramilitares hacen sonar las motosierras [9]: gritos, aullidos y súplicas tiñen la vida de manera indeleble. Cortados los humanos como pronto será cortada la montaña; pulverizados sus sueños como pronto será ultrajada la cordillera, dinamitados sus paisajes, removida de la existencia.

Son siglos hasta que se van. La paz infantil deja pasar unas horas y sale de su escondite: pedazos humanos y gemidos ya leves sobresalen entre los buitres. No encuentra a su padre. Los humanos fueron desmembrados, sus cabezas casi todas lanzadas al río. La paz infantil siente que hoy muere su infancia.

El banquero al mismo instante ya manosea en bolsa los efectos de la adquisición: hoy irá a admirar el destello solar de los lingotes presos en su banco, en la noche criminal de sus negocios. Se apresta a tan emocionante visita –en solitario-; saca sus llaves multiformes y secretas, más secretas aún que la manera en que obtiene su riqueza. Los lingotes de oro aparecen como pequeños ataúdes dorados.

 Azalea Robles
Publicado en la revista Movimiento Internacional de Escritoras

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