lunes, 16 de enero de 2012

BREVERÍAS


2586

No hay un rincón del alma donde ella no estuviera,
ni una esquina de invierno que le hablara de frío,
ni el guiño de una estrella diciendo a su manera
que a pesar de esta ausencia todavía sonrío.

Ni hay un recodo en este camino en que progreso
donde no me parezca percibir su venida.
Aunque sé que las cosas se van, y su regreso
no es más que una esperanza que a decepción convida.


2587

Fue un capítulo sólo en mi memoria,
mas disipó los otros, y he quedado
sin prólogo, ni epílogo, ni historia,
no sé si desvestido o despoblado,
sin caracteres, sin dedicatoria,
con sólo un nombre sobre mí tatuado.
Y una vez y otra, en él me adentro y leo
cuanto fui, cuanto soy, cuanto amo y creo.


2588

Entre tantos disparos, humo y plomo,
fuiste saeta de oro, silenciosa,
clavándose en mi entraña insatisfecha.

Ignoro los porqués, el cuándo, el cómo.
Sólo sé de ese punto en que reposa,
fuego y hambre, la punta de tu flecha.


2589

No defino el amor, pues no lo entiendo.
Pero si acaso apareciera un día,
ya en liberalidad, calma o estruendo,
lo reconocería.


2590

Me llueves lentamente;
te adhieres a mi piel, manso vestido,
y a la vez me desnudas.

Oh, sirimiri umbrío y decadente,
resbalando en mis senos, oh, gemido,
rasgando el débil velo de mis dudas.

FRANCISCO ÁLVAREZ HIDALGO-Los Ángeles-

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