
2586
No hay un rincón del alma donde ella no estuviera,
ni una esquina de invierno que le hablara de frío,
ni el guiño de una estrella diciendo a su manera
que a pesar de esta ausencia todavía sonrío.
Ni hay un recodo en este camino en que progreso
donde no me parezca percibir su venida.
Aunque sé que las cosas se van, y su regreso
no es más que una esperanza que a decepción convida.
2587
Fue un capítulo sólo en mi memoria,
mas disipó los otros, y he quedado
sin prólogo, ni epílogo, ni historia,
no sé si desvestido o despoblado,
sin caracteres, sin dedicatoria,
con sólo un nombre sobre mí tatuado.
Y una vez y otra, en él me adentro y leo
cuanto fui, cuanto soy, cuanto amo y creo.
2588
Entre tantos disparos, humo y plomo,
fuiste saeta de oro, silenciosa,
clavándose en mi entraña insatisfecha.
Ignoro los porqués, el cuándo, el cómo.
Sólo sé de ese punto en que reposa,
fuego y hambre, la punta de tu flecha.
2589
No defino el amor, pues no lo entiendo.
Pero si acaso apareciera un día,
ya en liberalidad, calma o estruendo,
lo reconocería.
2590
Me llueves lentamente;
te adhieres a mi piel, manso vestido,
y a la vez me desnudas.
Oh, sirimiri umbrío y decadente,
resbalando en mis senos, oh, gemido,
rasgando el débil velo de mis dudas.
FRANCISCO ÁLVAREZ HIDALGO-Los Ángeles-
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