sábado, 17 de septiembre de 2011

POEMAS

Doble

1
No he sido hallado por mi doble
Y eso que
no
huyo.
2
Mi doble es
hoy día
apenas uno
de mis
socios.


No me imites

1
No me imites:
sé tu propio asesino.
2
No me imites:
asesina
respondiendo a tus propias
convicciones.

Del libro Desecho e izquierdo de ROLANDO REVAGLIATTI -Argentina-

POEMA

GATO

Ojos de gato, tú.
Ojos de gato, yo.
Ver con ojos de gato.
Verse gato y ser gato.
Mirarse en el espejo.
Ser gato soñador.
Dormir, amar, crear.
Recrearse en el gato
en celos de la noche.
Reinventarse en el gato
perezoso del día.
Nacer y morir gato
y tener nueve vidas
y tener nueve muertes.
Ser gato y verse gato.
Ojos de gato, tú,
y yo, ojos de gato.
Ser y, únicamente, ser
un gato, ¡oh gata mía!,
un gato, amor, tu gato.

JUAN CERVERA SANCHIS -México-
Del libro inédito: “El gato que yo fui”

POEMAS



Mastectomía (III)

¿Y el hombre que me amaba, o el que pueda
voltear en mi órbita algún día?
¿Cómo el umbral de la galantería
podrá ser franqueado? Se me enreda

la mente en los temores. No hay vereda
que ayer no recorriera, ni energía
que no dilapidara en rebeldía.
Y hoy sólo cruda cicatriz me queda.

Sin embargo, una voz íntima, suave,
dice, dentro de mí, tener la clave
de este clima de miedos que me oprime:

Si alguien viene en amor, y se retira,
váyase, pues. Su cántico es mentira.
Vendrá después quien por tu esencia gime.


Mastectomía (IV)

Y esta ansiedad, temor, abatimiento,
¿quién las impone y bajo qué castigo?
¿Cómo y por qué tan bárbaro enemigo
irrumpe en mi parcela y con qué intento?

Nunca fue tan intenso el ligamento
de carne y alma como es hoy conmigo,
ambas sangrando juntas, al abrigo
de mi desolación, de mi lamento.

Ni me percibo armónica ni entera;
no el templo que ayer fui, mas la vidriera
que el seísmo quebrara en mil pedazos.

Quizá en la noche oscura del mañana
descienda un ángel de apariencia humana
y me las recomponga entre sus brazos.

FRANCISCO ÁLVAREZ HIDALGO -Los Angeles-

POEMA

Cuando todo se pierde

El reloj no se ha parado pero
no se le ve marcar las horas
en la esfera del tiempo
que está detenido, en contemplación.

La perspectiva no se ha perdido
pero los objetos ya no se ven
delimitados en la extensión pura
del espacio, el que no tiene nombre.

La vida no ha acabado pero la muerte
ya no se ve en el horizonte
esperando al ser que se rebeló
un día, en alguna parte, en el país del olvido.

Todo está en su sitio como antes
aunque todo ya no significa nada
cuando se pierde en el espacio sin tiempo,
en el tiempo sin espacio.

ELENA LILIANA POPESCU -Rumanía-

POEMA

Volcán.

Monte al revés con agujero,
en donde se respira muerte,
lava con azufre horrendo,
humo que llega hasta el cielo
huyendo; y no monte sin agujero,
de vida y belleza lleno, que
también llega hasta el cielo.

JULIO GUZMÁN SANCHIS

viernes, 16 de septiembre de 2011

POEMA



DICEN

Dicen que el mar ha dejado Cádiz ,
que en sus inmensos terrenos
van a construir un teatro
y muchas casas con piedras ostioneras.
En el teatro las comparsas y chirigotas
alternarán con las peñas flamencas
y no habrá noche sin cante.

En las casas vivirán cientos de familias
bajo un sol abrasador que lentamente
irá quemando sus blancos cuerpos.

En verano, en coche, irán los gaditanos
a bañarse en las playas de Chiclana,
de Conil, de Barbate o de Chipiona.

Ya nadie paseará por el paseo marítimo
porque en él habrán construido plazas
donde jugarán los niños al atardecer.

En el seco puerto los viejos llorarán
por el viejo vapor que se pudre al sol
recordando sus pasadas andaduras.

Dicen que el mar ha dejado Cádiz
pero mienten porque Cádiz es el mar
y el mar nunca la dejará.

JOSÉ LUIS RUBIO

POEMA

UNA MUJER NEGRA DESNUDA

Una mujer negra desnuda
se exhibe impúdica
y lúbrica
por la ciudad
que se la da de moderna,
de liberal y de progresista
y se cree libre de
ataduras y prejuicios,
de tabúes y de cortapisas
y, sin embargo,
las manos se van a la cabeza
y los ojos se cierran
para no ver la obscenidad,
la provocación,
el escándalo intolerable
y bochornoso.

Un policía intentó cubrir
con una manta sus vergüenzas
y un cura se presignaba
compulsivamente
invocando a sus dioses,
mientras miraba babeante
y lascivo,
con los ojos fuera de sus órbitas
los gloriosos pechos de la
escultural hembra,
los pezones como filos de cuchillo
y su culo excesivo y rotundo.

Todos huían despavoridos,
agredidos por su pudor,
ofendidos en su estrecha moral
donde no cabe una teta al aire.

Sólo un poeta
se detuvo en medio de un verso
-eclipsado por la maravilla-
y se quitó el sombrero.

Nunca pudo ya reanudar el poema.

Del libro Tristeza en el Gran espejo dorado de JUAN EMILIO RÍOS VERA