domingo, 27 de mayo de 2012

NOS BARRIERON

Nos barrieron
y nos metieron
debajo de la alfombra.

Allí donde no nos vean
los ojos civilizados
y donde pensaban
que nos convertiríamos
en ácaros y pelusas.

Pero algún día
la alfombra,
que ahora si
se habrá convertido en mágica,
se quedará pequeña
y la haremos volandera
por encima de las escobas.

FRANCISCO TOMÁS BARRIENTO EUSEBIO -Campofrío-

EL INFIERNO

El infierno, ¿dónde está?
Sin duda alguna está aquí.
No hay infierno más allá.

Todo es siempre aquí y ahora.
Donde está el infierno, está,
al mismo tiempo, la gloria.

JUAN CERVERA SANCHIS -México-

EL SABOR DEL RECUERDO

Tanto tiempo
entre las manos perdido
me dejó teñido de colores. Colore
para el esqueleto
de las sintéticas flores
que no planté
en primaveras de amores
que soñé
con programados ardores
que no pude padecer
pues el mañana no llega
porque el pasado no fue.

JOSÉ LUIS MARISCAL -Horcajo de Santiago (Cuenca)-

MI PRIMER VUELO

Antes que Clark Kent yo fui superman
Trepado en lo alto del guayabo
Alcanzaba la brisa con las manos
Y untaba de sol las tardes

El viento me zarandeaba como papel
Mientras agarrado a las ramas
Veía el mundo entero en el patio de los vecinos
Y Luisa Lane jugaba en falda a la peregrina

Después fui el mismo viento
Peleándole a los pájaros la fruta
Todo iba muy bien con el aire
Hasta que la criptonita me llamó a comer.

Publicado por Juan Carlos Céspedes (Siddartha)
en la revista La Urraka

TRÍPTICO DEL AMOR LÉSBICO

I

Soy la mujer que impúdica ha besado
la zona de tu vientre, tus pezones,
quien rueda un manantial de sensaciones
que antes de ti no había imaginado.

Eres el mar, soy el acantilado,
reviente en mí tu furia de emociones
irrumpiendo en mis húmedos rincones
la dulce intensidad que he presagiado.

Deja tu voz acariciar mi oído
con ese lánguido, sensual tañido,
de campana en crepúsculos herida.

El último vestigio del recato
borrado ya, dobla por mí a rebato,
y escúchame gemir estremecida.

II

Sin estar junto a mí estabas conmigo,
sombra de piel sobre mi piel desnuda;
te vio la oscuridad, íntima y muda,
de mis ojos cerrados al abrigo.

¿Mis manos o las tuyas? Te persigo
a través de mi cuerpo; se me anuda
tu tacto en la cintura, se hace aguda
filigrana la lengua en el ombligo.

Tripula mi bajel en estos mares,
que aún no son, por abiertos, familiares,
aunque conozca brújula y afán.

Iza mis velas, colma mi bodega,
navégame entre muslos, que ya llega
rodando irracional el huracán.

III

La tempestad ha roto arrolladora
en descarga de lluvias y crujidos;
jadeante el deseo en los sentidos
es pantera que lúbrica devora.

La noche carnal muere, y en la aurora
del sosiego se duermen los sonidos,
y la mente retraza recorridos
que habrá de repetir en otra hora.

Vencidas las palabras, suavemente
yacen sobre el teléfono. Se siente
una entrañable paz a ambas orillas.

Dos mujeres se amaron a distancia;
y tal vez queda más en cada estancia
que un ligero temblor en las rodillas.

FRANCISCO ÁLVAREZ HIDALGO -Los Angeles-

VII


Hoy es un día en el que siento unos irresistibles deseos de caminar, pero que sin embargo no tengo idea de adonde ir…

Y no se si es mejor callar o decir algo que le permita sonrojarse
a mis mejillas. O quedarme pensando en lo que podría pasar si estuviéramos solos en la oscuridad, con el sonido de la lluvia
cayendo en mi interior, tu haciendo gestos inconscientes de vergüenza y yo sintiéndome culpable por reprimir este instante. Yo también
creo que debemos dejarnos de sacar cuentas y jugar con los porcientos,
al final yo odio las matemáticas y tu le regalas siempre unos minutos de
silencio a mis palabras que terminan haciéndome crear nuevas imágenes
y no puedo dejar de pensar que:

Las probabilidades de fallar son las mismas que las de obtener lo que esperamos.

Del libro Marionetas postmodernas de MAYDOLL MORALES PÉREZ 

DESTROZADO

Destrozado.

Como un libro de cristal despedazado sin haber sido jamás hollado.
Como tres agujeros en un ladrillo entre cemento seco olvidado.
Como una niña llamando a una puerta sin cortinas, indefensa, llorando.
Como la mugre entre las costuras del muñón de unas tijeras para zurdos.
Como un macetero con un ramo de orquídeas negras moribundas dentro.
Como un bolígrafo sin tinta para firmar una declaración de amor.
Como un ordenador, viejo, roto, olvidado y con hematomas en sus circuitos.
Como la canción que te recuerda, que recuerda, que.
Como una mujer que se vuelve niña en la habitación de una casa.
Como el silencio enardecido del mar que escupe dientes de alquitrán.
Como la certeza de que la lejanía más cercana es el otro extremo del mundo.
Como huellas de pisadas de humo huyendo entre la niebla enrejada.
Como aquel que se siente un extranjero donde quiera que vaya.
Como una bombilla encendida después de doscientos años, en una habitación negra.
Como si un taxidermista hubiera cosido con hilo de luz, la palabra tristeza, en tus pupilas.
Como un mendigo bebiendo con los brazos escayolados de una botella rota.
Como escamas en una sábana limpia.
Como un confesionario en un burdel.
Como la felicidad de una dentadura postiza recién comprada en un vaso de oxígeno líquido.
Como si Lisboa alejara polvorienta y gris, un día de marzo.

Destrozado.

GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-