viernes, 18 de diciembre de 2020

DANZA

 

(Soliloquio brevísimo dicho a cámara de adulto, hombre o mujer con vestuario muy sencillo, y en espacio abierto y despojado. Intenciones, recursos de la voz, mímicas y corporalidades en general dependerán de lo que se dice, de lo que expresa la verbalidad.)

La ciudad celebra, celebraba una fiesta, y cerca de mí había tribunas, micrófonos, altavoces, banderolas, cometas que se elevaron como estrellas errantes desde niñas y niños y jóvenes y mujeres y hombres y ancianas y ancianos; había música y bailes. (Pausa.) El frío era mucho, de invierno en plenitud y yo me hallaba en el descampado de una plaza del barrio, en un banco desde donde sin moverme miraba el horizonte. No parecía advertir todo lo festivo a mi alrededor. En verdad miraba sin ver pues, entre más, la tristeza es una red; realmente estaba mirando adentro: mis paisajes interiores, y desde estos ámbitos: allá donde es verano y el calor reconforta, allá donde los campos son verdes.

Cuando logré resituarme del todo en esos campos verdes hoy geográficamente lejanos, sonreí. (Pausa.) Entonces el frío me estremeció, advertí lo que ocurría en torno mío y reparé en los pasos de baile, los estudié porque tal vez me animara a bailar. Tal vez se me acepte, pensé deseándolo con fervor, si uno y dos; si uno y dos y tres; si uno y dos y tres y cuatro; si quizás el alma de la danza me posea; la razón y el sentir de esa danza inédita y masiva me posea y me sienta en inmersión. Anhelo, unir a las mías, nuevas pertenencias, quizás espumas de luz. 

Del libro Espumas de luces de FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES

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