sábado, 3 de febrero de 2018

LAS CINCO DE LA TARDE


La tarde dormitaba con la calina.
El viento del sur llevaba entre
una cortina de agua caliente
fuego que abrasaba las piedras.
En las piedras las conciencias vacías:
eran las cinco de la tarde.
Bajo la techumbre de la cancela,
una silla vieja de anea y una puerta
carcomida por la pena y la polilla.
Una figura ausente, a las cinco de la tarde,
sin redondel, ni burel o mantilla;
sólo sangre en las venas que fueron heridas.
Fuego que abrasa las piedras,
desconchones en la fachada maltrecha.
Ausencia de una vida que no tuvo
primaveras ni caricias.
Eran las cinco de la tarde, yo, no soy yo;
esa calle, la silla y su agrietada puerta,
al final de la tarde…quedaron dormidas.

Juana Campos Cortés

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