Ya no te sueñas,
tu voz levita sobre la negrura de este valle
donde discurrimos los apestados
lamentándonos en la noche eterna.
Sólo hoy te escuchamos elevada,
cabalgando tu voz sin el perjuicio de tu cuerpo.
Tu sonrisa láctea
nos presagia el hálito mortal de la desesperanza
como la mecha que al cabo refulge
en un estallido que nos acelerará libres,
al fin.
Ni te sueñas en las sustancias que te olvidaban,
ni siquiera el alcohol abre brecha en la vena,
es silencio que escuchamos,
tu voz, amado clamor de barrica negra,
voz que nos enciende esta tupida oscuridad,
que te endiosa al aluvión de estos sinamaneceres.
MANUEL JESÚS GONZÁLEZ CARRASCO -Madrid-
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