domingo, 26 de junio de 2016

RIMAS Y LEYENDAS DE BÉCQUER


Y ahora... el genio de Bécquer. Encontré el libro por casualidad, al pasar por el escaparate de una librería. Estaba de oferta; tan sólo dos euros. Ya conocía las rimas, pero me faltaban las leyendas; y la verdad es que me parecieron espectaculares. Me encantó ese lenguaje medievalesco, esas descripciones, ese suspense... Me sentí retroceder a la época de los visigodos y de los árabes; el paisaje que me venía a la mente era un tanto el de tierras escocesas, con música celta.

Sólo he copiado la introducción que hace el propio Bécquer, que es muy buena, aunque, como ya digo, las leyendas son maravillosas. Y en cuanto a las rimas, ya recogí unas cuantas en su día; la número 4 es insuperable.

Introducción del propio Bécquer:
Por los tenebrosos rincones de mi cerebro, acurrucados y desnudos, duermen los extravagantes hijos de mi fantasía, esperando en silencio que el Arte los vista de la palabra para poderse presentar decentes en la escena del mundo.

Fecunda, como el lecho de amor de la Miseria y parecida a esos padres que engendran más hijos de los que pueden alimentar, mi Musa concibe y pare en el misterioso santuario de la cabeza, poblándola de creaciones sin número a las cuales mi actividad ni todos los años que me restan de vida serían suficientes a dar forma.

Y aquí dentro, desnudos y deformes, revueltos y barajados en indescriptible confusión, los siento a veces agitarse y vivir con una vida oscura y extraña, semejante a la de esas miríadas de gérmenes que hierven y se estremecen en una eterna incubación dentro de las entrañas de la tierra, sin encontrar fuerzas bastantes para salir a la superficie y convertirse al beso del sol en flores y frutos.

Conmigo van, destinados a morir conmigo, sin que de ellos quede otro rastro que el que deja un sueño de la medianoche que a la mañana no puede recordarse. En algunas ocasiones, y ante esta idea terrible, se subleva en ellos el instinto de la vida, y agitándose en terrible, aunque silencioso tumulto, buscan en tropel por dónde salir a la luz de las tinieblas en que viven. Pero ¡ay!, que entre el mundo de la idea y el de la forma existe un abismo que sólo puede salvar la palabra, y la palabra tímida y perezosa se niega a secundar sus esfuerzos. Mudos, sombríos e impotentes, después de la inútil lucha, vuelven a caer en su antiguo marasmo. Tal caen inertes en los surcos de las sendas, si cesa el viento las hojas amarillas que levantó el remolino.

Estas sediciones de los rebeldes hijos de la imaginación explican algunas de mis fiebres: ellas son la causa desconocida para la ciencia de mis exaltaciones y mis abatimientos. Y así, aunque mal vengo viviendo hasta aquí: paseando por entre la indiferente multitud esta silenciosa tempestad de mi cabeza. Así vengo viviendo; pero todas las cosas tienen un término, ya éste hay que ponerle punto.

El Insomnio y la Fantasía siguen procreando en monstruoso maridaje. Sus creaciones apretadas ya, como las raquíticas plantaciones de un vivero, pugnan por dilatar su fantástica existencia, disputándose los átomos de la memoria como el escaso juego de una tierra estéril. Necesario es abrir paso a las aguas profundas, que acabarán por romper el dique, diariamente aumentadas por un manantial vivo.

¡Andad, pues; andad y vivid con la única vida que puedo daros! Mi inteligencia os nutrirá lo suficiente para que seáis palpables. Os vestirá, aunque sea de harapos, lo bastante para que no avergüence vuestra desnudez. Yo quisiera forjar para cada uno de vosotros una maravillosa estrofa tejida de frases exquisitas en la que os pudierais envolver con orgullo como un cuarto de púrpura. Yo quisiera poder cincelar la forma que ha de conteneros como se cincela el vaso de oro que ha de guardar un preciado perfume. ¡Mas es imposible!

No obstante, necesito descansar: necesito, del mismo modo que se sangra el cuerpo por cuyas hinchadas venas se precipita la sangre con pletórico empuje, desahogar el cerebro insuficiente a contener tantos absurdos.

Quedad pues consignados aquí, como la estela nebulosa que señala el paso de un desconocido cometa: como los átomos dispersos de un mundo en embrión que aventa la muerte por el aire antes que su creador haya podido pronunciar el fiat lux que separa la claridad de las sombras.

No quiero que en mis noches sin sueño volváis a pasar por delante de mis ojos en extravagante procesión, pidiéndome con gestos y contorsiones que os saque a la vida de la realidad del limbo en que vivís, semejantes a fantasmas sin consistencia. No quiero que al romperse esta arpa vieja y cascada ya, se pierden a la vez que el instrumento las ignoradas notas que contenía. Deseo ocuparme un poco del mundo que me ocupa pudiendo, una vez vacío, apartar los ojos de este otro mundo que llevo dentro de la cabeza. El sentido común, q es la barrera de los sueños, comienza a flaquear y las gentes de diversos campos se mezclan y confunden. Me cuesta trabajo saber qué cosas he soñado y cuáles me han sucedido: mis afectos se reparten entre fantasmas de la imaginación y personajes reales; mi memoria clasifica revueltos fechas y nombres de mujeres y días que han muerto o han pasad con los de días y mujeres  que no han existido sino en mi mente. Preciso es acabar arrojándolos de la cabeza de una vez para siempre.

Si morir es dormir, quiero dormir en paz en la noche de la muerte, sin que vengáis a ser mi pesadilla, maldiciéndome por haberos condenado a la nada antes de haber nacido. Id, pues, al mundo a cuyo contacto fuisteis engendrados y quedad en él como el eco que encontraron en un alma que paseó por las tierras sus alegrías y sus dolores, sus esperanzas y sus luchas.

Tal vez muy pronto tendré que hacer la maleta para el gran viaje: de una hora a otra puede desligarse el espíritu de la materia para remontarse a regiones más puras. No quiero, cuando esto suceda, llevar conmigo el abigarrado equipaje de un saltimbanqui, el tesoro de oropeles y guiñapos que ha ido acumulando la fantasía en los desvanes del cerebro.

JAVIER GARCÍA SÁNCHEZ

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