domingo, 1 de noviembre de 2015
RENGLONES DE TIERRA
Va trazando el lento arado
largos renglones de tierra
en un cuaderno de campo.
Son cada una de las aves
los carteros de los árboles,
siempre llevando mensajes.
Como peces revoltosos
nadan gotas de colores
por siete ríos luminosos.
Lleva el aroma del campo,
prendidas en pinzas de aire,
esencias que respiramos.
Sereno el asno espera
a que el dulce trote del día
traiga una carroza negra.
Tocar y sentir el barro,
agua y tierra entrelazadas:
bálsamo para tus manos.
En la espesura del bosque
el día encuentra rendijas
y siembra pequeños soles.
La mañana, con su brisa,
cual gran papel de regalo,
nos envuelve un nuevo día.
No tiene mapa el camino
que día a día recibe
zapatos de campesino.
Cuando el campo se respira
nos nacen flores y frutos
en el jardín de la vida.
Figuras de humo se moldean
en un efímero museo:
se encienden las chimeneas.
Se acercan nubes de plumas,
son bandadas de cigüeñas:
niño no lleva ninguna.
Los pobres espantapájaros
quieren estar elegantes
y los visten con harapos.
Florecen brillos de estrellas
en el prado de la noche.
Luego, el Sol los recolecta.
Las flores en la pradera
se acicalan con el rocío
cuando al alba se despiertan.
Cada día, muy temprano,
la Tierra se nos convierte
en un gran reloj de gallo.
Al Sol le gusta ser mago:
hipnotiza al girasol
y éste le sigue sus pasos.
Me pregunto adónde lleva
ese camino dorado
que forman las hojas secas.
Pasos firmes se adivinan
en la corteza del árbol,
pisan fuerte las hormigas.
Del libro Flamencorismos de Fran Nuño -Sevilla-
Publicado en Luz Cultural
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