Llevo conmigo
mi canción apagada.
Mi violín mudo
sin ya melodías
crujiente clama.
Me acompaña
la muerte pegada
a la caja entristecida
en este viaje sin retorno
hacia la nada.
El cielo gris tormentoso
me llama a su infinito y
ya apagado horizonte
sabiendo que mi alma
está sumida en amarguras
que la tuya le dejó
al abandonarla
sin más palabras
que un te amo para siempre
mi amada.
Ya no siento alegría
ni tristezas.
Mi corazón apagado
se ha vuelto frío
quebrado, dolido.
La tormenta me llama
me anuncia el preludio
de aquella distancia
que aunque se acercaba
ahora esta más alejada.
Ya mi cuerpo solo, autómata
camina hacia un funesto fin
porque el destino malvado
se cruzó en nuestro camino
y ya no espero más de ti.
Las lágrimas se hicieron piedras
el dolor se cubrió de ira
la espera de desesperanza
y el amor tiñó de odio
aquel sentimiento que tú me dabas.
Diana Chedel -Argentina-
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