viernes, 13 de junio de 2014

PEREGRINAJE


Tal vez porque mi dios,
esa placidez por la palabra escrita
junto al cigarrillo que me consume,
pernocte en estado comatoso
cuando su presencia se agranda
allende el lomo de un libro.
Pudiera ser infernal recorrido
mi flaca estancia vital
y toda la miseria que contemplo
sea un castigo por mi estigma.
Quizás lo pomposo de la verdad única,
presupuesta en sacros textos,
sea ese altísimo hálito indefinido
que indulta las cuencas vacías
de hombres que triunfan en guerras
o desmiembran a sus semejantes
por una fe que desubica montañas.
A lo peor, mi afán de comprender
sea un vicio de mis muchos
que debería sanar en el claustro
donde sólo interrogue al eco
espesado el aire con la cera.
Tal vez porque mi dios,
mis dioses perecederos de barro,
jamás telonearon a ningún U2,
ni siquiera necesitaron sus acordes.

MANUEL JESÚS GONZÁLEZ CARRASCO -Madrid-

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