Cincuenta alumnos,
cientos de flores a María,
regalos a María
envueltos en papel charol,
recuerdos olvidados,
regalos a María,
la directora del colegio,
en mayo
mayo de María,
rezar y cantar a María
nada más entrar en el colegio
todas las mañanas
con voz tímida y alegría
a María.
Guardando el miedo,
reservando el odio
y es que la vida no podía ser eso,
todos felices,
tan felices
qué rica la nostalgia.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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