miércoles, 11 de junio de 2014

MI CASA VACÍA


Mientras la música revolotea,
(esa mariposa inquieta)
buscando un lugar donde posarse,
las sombras bailan entrelazadas
un vals o un bolero... ¡no sé!
y los murmullos duermen
en los rincones vacíos,
y el tiempo, ese caracol paciente,
tan constante, se desliza por los muros.

Mientras la luz late imperceptible,
eterna y cotidiana,
sobre los viejos objetos, vacíos, oscuros,
el salón se llena de pasos mudos,
de sueños acabados, efímeros,
que se esfuman al punto
y el espacio, tan vacío,
se vuelve nada, quieto, ausente.

Así un día tras otro,
sin dejar huella, tiernamente,
van dejándose en el aire,
indolentes, como un perfume abierto.

MANUEL JIMÉNEZ
Publicado en el blog instante cero

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