Haces que el fardo de la edad sostenga
con su ilusión el ánima de cierto
y que tu claro astro, descubierto,
todas las noches a mi lecho venga.
Logras que el aura a levantar se avenga
las velas de mi pluma, que en concierto
navegue mi palabra y que en tu puerto
singladura de estrofas se detenga.
Por si esto fuera poco todavía,
pones ante mis pies una vereda
que largamente mi destino guía.
No puede ya talarse esta arboleda,
ni habrá celosa y ciega tiranía
que al sentimiento reprimir conceda.
RAFAEL SIMARRO SÁNCHEZ -Ciudad Real-
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