Habíteme el esperanzado
el catador de luces y aromas,
el deglutinador de sarcasmos.
Lléveme al muro de la mañana
a confeccionar la siembra,
el atajo de lo informe,
el mural que no corrompe
la oración de lo que fluye
y no esta música auto inmune
de no creer más que en los labios
que aprendieron a besar la nada,
Lléveme en andas de un lucero
que dibuja una trayectoria planetaria
y no esta padecida mansedumbre
agitada por oprobios trasnochados
de insomnio en insomnio que nunca
alcanzan para pronunciar el alba
con su gárgara de transparencias.
Habíteme y lléveme lejos del cansancio
de este barro enceguecido
ponga en mi lengua y sople
del este una gota viviente
con el mandato de las estepas,
con el florecimiento del alma de todos,
no el de la caverna de las sombras.
Deshabíteme tu presencia mi yo mi ayer
y bórrese el mandala
pintado por dos ciegos.
Vive aún mi todavía.
Rubén Darío Romani -Argentina-
Publicado en Suplemento de Archivos del Sul
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