Escribir como el que expulsa un escupitajo a traición,
obviar la rima y el ritmo
y las palabras.
Dejar a la mente vomitar sin concierto y sin sentido,
mirar una cara enfadada,
unos ojos como rejillas de aire acondicionado.
Excretar palabras y no leerlas,
y luego,
decir con cara de gilipollas que ya leeré todo.
Leeré leeré.
Y el bolígrafo rojo
da sus últimos estertores
sin que me importe nada.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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