Ensoñación feliz, vivo milagro;
Fresco como la brisa mañanera;
Traes el aire de la primavera;
A tu ofrenda celeste me consagro.
Verde tocado, valles y praderas…
Siembras la vida en tu andar sereno;
Y al par que enciendes paz y desenfreno
hierve la sangre en montes y laderas.
Fantasía tal vez, tal vez un sueño,
quemas pena y dolor en un instante;
En tu huella, intemporal, errante,
comprendí que del mundo eres el dueño.
A ti rindo mi corazón altivo,
anhelante del premio prometido.
Fino trofeo siempre bien querido,
buscado siempre. Galardón esquivo.
A ti encomiendo este destino andante,
abdicando, ante tu potestad;
El amor, ilusión o tempestad…
¡Eres dicha sin fin del caminante…!
FEDERICO SERVANDO RODRÍGUEZ
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