Al llegar el verano caen incendiadas las nubes en azul
desde el océano de lo insólito esta vez,
el cuerpo celeste, el rayo pálido de la cúspide
se enclaustran sobre la bóveda dormitando,
y cuando el deseo perderme en una tarde solemne
caigo acariciado por el azul del verano
estallándome entre las manos un torrente,
un lienzo de lluvia secreta para mis pupilas
extraviadas de sí mismas.
¡Oh, Junio! Un término insospechado,
jinetes sobre la brisa lenta en cabalgata,
momento inaudito cual sugiere un final,
una pausa, una frágil añoranza…
Ahhh, las calles empapadas de drama y cristal,
esta lumbre de Junio en azul,
este cielo esquivo de rotunda belleza,
un obsequio, un recuerdo,
un pájaro en su encantado trinar de lluvia.
RODOLFO CABRERA RODRIGUEZ.
DE FACEBOOK - 6811 - CUATRO LIBROS DE MANUEL ÁVILA
Hace 6 horas
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