miércoles, 11 de junio de 2014

ADIÓS


Cuando uno dice adiós un millón de veces
un laberinto de saliva recorre las huellas digitales de la memoria.

Decir adiós es llenar los bolsillos de arena
y pegar cabezazos al aire mientras caminas
boquiabierto porque nunca sabrás explicar
que tus demonios son parte del fin.

Nunca es fácil decir adiós
y ni si es peor aplazar lo que no tiene remedio.

GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-

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