No hay camino que me arrope en el segundo
de las trastiendas,
En los pasos lánguidos del asfalto.
Como tejía Machado en sus versos
al caminante: se hace camino al andar.
Camino que me separa de mi o de ti,
del vocablo nosotros perdurando la duda
en el ojal de la mañana.
Camino o rotundidad del viejo roble donde planté tu nombre,
o solo los suspiros que se lleva el viento en las orillas
de un anochecer en los días.
Puse las piedras como señales en las laderas,
en los pies de una roca de los recuerdos,
y me pierdo como los amantes en los huecos,
en los ojos, en los párpados que gritan tu nombre;
no se donde te tejiste,
o donde ubicamos los versos de una exhalación,
o el murmullo del goteo del agua en las avenidas.
No se qué demonios decir para apoderarte de tus señales,
de tus gestos...
Me volví a perder en el limonero,
en el camino seco de tu esbeltez y de tus muslos
en la complacencia.
ISABEL REZMO
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