domingo, 16 de febrero de 2014

MI VOZ ES TAN VANA COMO LA NOCHE


Ante el cielo y ante el tiempo
me confieso
arbitrario del camino y de la rabia.
José María Pinilla “CONFESIONES”

El lecho palpita a modo de un osario hinchado de muertos que nunca se atolondran. Un fulgor que aúlla sobre la carne de este vasto desfiladero, se estremece blando, soltando en cada lágrima una carcajada.

Implícita en el susurro de las flores, una tribu de gritos arraiga en mi lengua, preciosos cual corteza de ave, planean lentos como lagartos. Anzuelos zarpeando la bruma de mi enajenación. La chimenea de mis demonios se mece sobre un abismo con sentido del humor, ácido igual que la ropa violada. Debo arrojarme al precipicio y desaparecer, para vomitarme en el vasto piélago de mi reventado entendimiento.

Hendir, desplomar, tantear raciones de sexo sostenidas aún por el hueso y por mi cabeza aplastada bajo las ruedas.
Cercenar todo mi ser para abandonar esta laguna, este río ciego que encharca mis córneas, carámbanos de óxido derramados por el gusano que se agita en el hueco sin compañía.

He raptado algo de mí, lo más importante, y lo he encerrado aquí, muy lejos, ahogado ahora en mi sangre. Permanezco mudo, y el tiempo es un punto negro en nuestra propia cueva, por eso aquí es tan lejos.

Del libro inédito La dolorosa partitura del miedo de Cesc Fortuny i Fabré -Barcelona-
Publicado en Un día es un día Ágora



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