en los alambres que se alzan al cielo,
las cigüeñas en sus nidos
ponían la nota final
y los arboles cantaban
con voces angelicales
al compás del trinar
y el replique de campanas.
Ellos alzaban el vuelo,
los recuerdos me invadían
y con mi vista seguía las huellas
de barro endurecido en el camino.
Los eucaliptos y los almendros
me traían los aromas,
aspiraba y me sentía libre,
veía que estaba cerca…
muy cerca de aquel pueblo.
Los conejos corrían
y jugaban en aquel prado,
las perdices correteaban
con los juguetones polluelos
y aquellas cristalinas aguas
corría por los arroyuelos
sin saber de donde procedían
tal misterioso encuentro.
Por un instante pare
y vi como los pájaros
alzaban de nuevo el vuelo
Y te vi, amigo, con ellos,
caminando una vez más
hacia el jardín de los cielos,
pero… me quise quedar
para hacer frente a estos miedos
y a esta dichosa vida
que habita en mi cuerpo,
nos hace esclavos
y nos atrapa en los sueños.
María Sánchez -San Fernando-

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