Ella cuando duerme se sueña de pie, tan sólida y erguida como una columna movible. Es más, se sueña caminando. A veces, incluso, corriendo. Entonces el espacio le resulta cercano y a la vez infinito. Cuando despierta, todo se aleja y se detiene. Los pasos son lentos y circulares. Sólo un punto permanece. Sobre el que danza vertiginosamente. La ausencia la alcanza.
Francisco Garzón Céspedes y Mayda Bustamante Fontes
Publicado en la revista ¿Escribimos? 13
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