Tuve una rosa, engaño, en la mirada…
Le puse nombre, y la llamé hermosura…
Hoy me asomo al jardín, y un ala oscura
vuela, desmiente, borra la extasiada
noticia del fulgor…, gloria eclipsada,
¿quién, por qué, deshojó tu arquitectura
de alta tensión, segó la urgencia pura
de aquel rayo, epicentro, llamarada…?
Rosa o insignia, esfinge de ala rota
que velando un secreto, lo desvela,
ficción de eternidad estremecida.
Que quien pase contemple esta derrota,
este soplo fugaz, o ciudadela
de egregia luz, valiente, pero herida.
Agustín Rodríguez. España
Publicado en la revista Oriflama 18
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