jueves, 13 de diciembre de 2012

MUJER PÚRPURA


Ancilar es su vida,
casual, desbarrada
un presente engripado
sin perspectiva clara;
un pasado sediento
con la lengua agrietada;
con el puño cerrado
elevándolo al alba
sin del alba poder
entender nada... nada.
En su andar tiene prisa
y las horas contadas;
en la calle se mueve
agitando las alas
como el pájaro suelto
que conoce su jaula
aunque un árbol y otro
nunca son su morada.
Dicen que el tiempo es oro,
que deviene esperanza
y por eso se atreve
a domar su nostalgia,
su coraje de hembra,
su rebelión cantada,
su bandera de siempre
(la igualdad consagrada)
sin que el puño responda
con violencia y con saña.
Por eso de sus manos
las uñas no señalan
la sangre que algún día
pudieran provocarla
y las abre hacia el cielo,
al tiempo que levanta
su cabeza invocando
la justicia soñada.
Hay quien sabe apreciar
su trabajo y su calma
y lo escribe gritando
con los gritos del alma
dando fiel cumplimiento
a su palabra dada
hasta que juntos puedan
convertir ese drama
en comedia feliz
con dichosas jornadas.
Todo sigue su rumbo
nada cambia en la grada
porque el circo se cubre
del gentío que canta
sin saber lo que dicen
estas letras veladas.
La mañana es un iris
en el cielo encerrada;
el atardecer se agota
y la noche se guarda
los quejidos del día
que, como sombras, pasan.

José Luis Pérez Fuillerat

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