jueves, 13 de diciembre de 2012

MINÚSCULA VOZ


Tantos senderos el paisaje traza,
sugerencias de andanzas, de aventura,
cada punto una rosa de los vientos
de que pueden nacer treinta y dos rutas.
Se nos pone al alcance de la mano
tanta diversidad, que uno pregunta:
En este laberinto de caminos,
¿cómo pude elegir, sin duda alguna,
el único que aboca a tu aposento?
¿Qué lazarillo me prestó su ayuda?
Y no quise saber de disyuntivas;
si no hacia ti, cualquier opción, absurda.
Sólo tengo un paisaje, una vereda,
y un designio al final.
Quienes preguntan
cómo elegir en tal encrucijada,
no llegarán a su destino nunca.
Hay una voz minúscula en tu espíritu
que decide por ti; si no la escuchas,
te perderás en páramos anónimos,
o seguirás la música
frívola, marginal, que no te guía
sino a perenne, errática andadura,
o aún peor, a objetivo
que no es el que tú buscas.
Bloquea ruidos, cánticos ajenos,
confidencias triviales, importunas,
y distingue esa voz de tu trasfondo,
que elegirá por ti. No habrá penumbra
que oscurezca tu senda,
aún en noches sin luna;
avistarás tu blanco
más allá de las curvas,
a pesar de los bosques,
a través de la bruma.

Mi voz ahora ha callado.
Duerme en una burbuja
de silencio y sosiego,
que no intento quebrar, mientras susurra
su lenguaje de amor en mis oídos
esta mujer desnuda.

FRANCISCO ÁLVAREZ HIDALGO -Los Ángeles-

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