domingo, 16 de diciembre de 2012

LA VERDE IRLANDA


Irlanda, la bella y verde Irlanda. Siento debilidad por Irlanda y los irlandeses, no sé si es por esa tendencia natural de simpatizar con los débiles y los oprimidos, o tal vez por el encanto que emanan sus tierras y sus gentes, o por ambas cosas al mismo tiempo.

La tierra de Tara, el mítico lugar venerado por los habitantes de siempre de Eire. ¡Juro que jamás volveré a pasar hambre!, gritó Escarlata en “Lo que el viento se llevó”. La terrible hambruna tras la escasez de la cosecha de la patata obligó a miles de irlandeses a emigrar, mientras otros miles morían literalmente de hambre. John Ford y el irlandés impasible, amigo de sus amigos y enemigo de una pelea hasta que tiene que enfrentarse en brutal pero amigable lid –cosas del espíritu irlandés- al padre de su mujer. Catolicismo irónico sin los aspavientos del barroco hispano. La lucha contra el imperialismo inglés, contra el sempiterno enemigo invasor, tan parecido a la lucha por la supervivencia del pueblo portugués contra los intentos anexionistas españoles. San Patricio, un extraño monje, patrón del más genuino pueblo celta. Dublín, bellísima ciudad, acogedora donde las haya. James Joyce. La brigada irlandesa peleando en primera línea en la Gran Guerra en las trincheras del Marne y Verdún. Eugene O´Neill y Yeats. ¡Canta una canción de taberna, en gaélico, a ser posible, amigo! Samuel Beckett sonríe. Irlanda es una gran sonrisa verde.

Francisco J. Segovia -Granada-

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