sábado, 15 de diciembre de 2012

EL PARTO


El viejo salió de prisa. La noche era espesa como batida de zapote.
Atravesar el monte a esa hora lo aterraba, pero no tenía de otra. La mujer se revolcaba en la cama como
una puerca. No sabía cuánto le dolía, pero los dolores parecían terribles.
Debía traer a la partera o después de veinte años y dos mujeres no verían a su primogénito. Así que distraía el miedo pensando en el niño que imaginaba un machote, yendo al conuco o en la cerca detrás de los animales...
La neblina se colaba por las matas de café levantando un vapor frío que al chocar con el jacho de cuaba, que le servía para no perder el camino, hacía pequeñas burbujitas como el agua cuando estaba para colar café. No despegaba los ojos del suelo. Trataba de no mirar a ninguna parte ni pensar en la oscuridad del monte que seguía más allá del conuco.
Bajó las dos últimas curvas del camino y se internó en el llano del cafetal. Ahí el trillito era tan escaso
que apenas cabían los dos pies en el sendero.
Escuchó ruidos de pasos del lado arriba del camino. Pensó en algún perro, pues las pisadas eran
continuas, pero aun así no miró.
Llevaba demasiado miedo y prisa para hacerlo. Además no levantaría la vista por nada del mundo. Las
pisadas continuaron y ahora parecían rozarlo. El espacio iluminado por el jacho de cuaba era bastante (a pesar de lo encandilado que iba) para identificar lo que había tras el ruido.
Fue casi sin querer que la viera. Un temblor profético estremeció sus pellejos. La cuaba aleteó para
apagarse. Su difunta esposa en persona, con el vestido verde que le compró una semana antes del
feminicidio, estaba parada en el camino cortándole el paso.
Ninguno dijo nada. La muerta como una vela maldita resplandecía en la oscuridad. El miedo que le
impidió avanzar le dio velocidad deángel caído para retroceder. Sin un  tropezón subió la pendiente y fuera de sí entró a la casa. La sangre que le martillaba la cabeza terminó reventándosela cuando vio al niño entre las piernas rígidas ahorcado por el cordón umbilical.

Basado en el cuento El Coco de Stephen King
Rodolfo Báez (República Dominicana)
Publicado en la revista Minatura 123

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