sábado, 15 de diciembre de 2012

ALBADAS


Antes que mi memoria
emigre sin destino,
sin ganas de retorno,
buscando soledades y silencio
entre rocas y breñas
por cerros y collados,
en las hoces del río Duratón;
se pierda en un desierto
nunca hollado
por humanas sandalias,
duerma o vigile
bajo un árbol sin ramas,
sin flores y sin hojas,
antes de que la vida
tremole y dude
de su propia esencia,
quisiera despertar
mi arca de recuerdos
hoy dormidos;
pero nunca vacía
de gratitud, de amor.
Torpes son nuestros pasos
si no hay caminos
endurecidos por callosos pies ajenos,
ni ruta más segura
que el humilde sendero.
Destruiré quimeras
mientras viva.
Inventaré otras nuevas,
que empujen mi cerebro
a trabajar sin tregua;
para que el ocio
no cruce las fronteras
de mi desolación,
ni, por abulia,
me instale en amargura
renovada,
me anegue en tristes
lágrimas perladas,
como duros granizos.
Soportaré desiertos implosivos
achicando mi mente,
deshilaré la urdimbre
si fuera necesario
y empezaré de nuevo tantas veces
como sea preciso.
Tengo alzheimer.
Dios me cobra los óbolos
porque son necesarios
para que el mundo entienda
que todos somos uno.
Almas flechadas
por el mismo dardo.
Levantaré la cara
antes de irme
y, al mirarme os prometo
una sonrisa
aunque mi corazón
llore en silencio...
No faltará una nueva primavera
renovando el elenco de la vida,
porque nada se pierde y todo muda
en la impasible soledad del cosmos.

Arenasil. España
Publicado en la revista Oriflama 18

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