CORAZÓN TROMPO
Acercó el corazón al centro de la calesita. Los chicos, ante las maniobras del profesor, saltaron desde los caballos, autitos, lanchas, y se guarecieron detrás de la garita de los tickets. El profesor tenía chamuscadas las puntas de los pelos y los niños, los peores recuerdos de la última prueba fallida, la de la explosión.
El profesor conectó el corazón al eje, tiró la cabeza para atrás, lo accionó y comenzó a latir vapores. Las pulsaciones se esparcieron por la red de engranajes. La calesita empezó a girar, accionada por la nueva mecánica. El profesor asomó la cabeza entre los espejitos y trazos colorinches del centro de la calesita. Debajo de los pelos chamuscados, en cada giro, se vio su sonrisa.
El corazón de vapor latió con una arritmia imparable. La calesita giró de manera inusitada, ascendió hacia el cielo y se perdió más allá de las nubes.
En la plaza quedó el círculo marcado sobre la tierra.
Desde aquel día, al profesor no se lo volvió a ver. Y nadie lloró su ausencia. Se habla de esa sonrisa, la de cada giro, la que todo el pueblo cree que llevó a la luna.
JUAN GUINOT(Argentina)
Publicado en la revista digital Minatura nº 116
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Hace 12 horas
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