Distancia (I)
Eres calor que no me reconforta,
pues extiendo las manos, y no llego.
Tengo frío, y será sentarme al fuego
la única opción que de verdad me importa.
La mente es huracán que me transporta
en espirales de aire hacia tu juego,
pero el tacto pregunta, sordo y ciego,
qué provecho una idea tal le aporta.
El alma yace entre ambos indecisa,
sin saber si esbozar una sonrisa,
teñida del color de la esperanza,
danzar desnuda o deshacerse en llanto.
Y yo, que soy los tres, me desencanto,
con un perfil de brisa en lontananza.
Distancia (II)
Tal vez tu cavidad duerme conmigo
en alcoba nupcial desconocida,
mientras mi piel, voraz y estremecida,
no alcanza en mi ámbito a bregar contigo.
Amante en la distancia es sólo amigo
que a palabras sin músculo convida;
es un jirón de nube, espuela y brida
sin alazán, limosna sin mendigo.
¿Qué hacer cuando la noche rompa el muro
represor del deseo, y el conjuro
del coloquio se torne insuficiente?
¿Cuando la adusta soledad me grite,
y no halle el cuerpo que la sed me quite,
me sacie el hambre, el sexo me reviente?
Distancia (III)
He caminado junto a ti, en ausencia
del cuerpo adjunto al que se da la mano;
y me contemplo errático artesano
sin herramientas en su propia urgencia.
Necesito el trabajo; mi experiencia,
sin desbordar las cotas de lo humano,
llega a nivel de lúbrico altiplano
que nunca soñaría la inocencia.
Hoy eres para mí la teoría
que debe demostrarse, melodía
si, escrita en pentagramas, no estrenada.
Y una voz en mi entraña me insinúa
que la aptitud sin pruebas no puntúa:
Fe sin obras, doctrina de fachada.
FRANCISCO ÁLVAREZ HIDALGO-Los Ángeles-
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Hace 4 horas
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