sábado, 14 de enero de 2012

POEMAS

Perder

Perder tal vez refuerza y enriquece,
mas no hay júbilo uncido a la derrota,
y su recuerdo sin cesar azota
mente que sueña, cuerpo que envejece.

Besos que no te di, voz que enmudece
al punto de la oferta, sed que acota
las ansias de beber, aun cuando brota
tal manantial de quien se nos ofrece.

Y esos trances de amor, la coyuntura
en que nos vimos, que la edad madura
con razón califica de fracaso,

no sé qué clase de enseñanza encierran,
pues tanto no aprendimos, y se aferran
más a uno mismo al borde del ocaso.


Pedestales

Eran simples personas, mas hicimos
de su limitación divinidades,
fabricándonos míticas verdades
que tal vez en el fondo no creímos.

Y sin embargo, no las abolimos.
Ornaban nuestra vida, falsedades
de retablos luciendo variedades
de vástagos, sarmientos y racimos.

Obra de mentes de cartón o estaño,
la exaltación engendra el desengaño,
al traslucir por fin su deficiencia.

El tiempo derribó los pedestales
y, ya a nuestro nivel, vimos qué iguales
eran a nuestra propia menudencia.


Fui galeón

No fue el calor besándome las manos
al rozarte los senos, el motivo
de mi celebración por estar vivo
en horas y lugares tan mundanos.

Ni el susurrar tus labios los tempranos
apremios a fervor más agresivo,
o el lenguaje frenético, lascivo,
o los actos tan puramente humanos.

Fue contemplar el ángulo creciente
de tus muslos abriéndose en urgente
clamor febril de súplica y entrega.

Y al reclinarme en tan profundo abrazo,
fui galeón lanzando un cañonazo
reclamando este mar donde navega.

FRANCISCO ÁLVAREZ HIDALGO -Los Angeles-

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