viernes, 13 de enero de 2012

POEMAS

Caracola (I)

Tiene el mar, entre rocas, caracolas
que un tiempo fueron ávidos deseos,
ya surgiendo del fondo en burbujeos
o cabalgando a lomo de las olas.

Sonaban a lo lejos barcarolas,
en los bares del puerto, entre rasgueos
de guitarras, fugaces aleteos
de gaviotas, flotar de banderolas.

Tú, descalza, y al aire la melena,
en caricia ambos pies de agua y arena,
y en no sé qué misterios abstraída,

caminabas la tarde, rastreando
tal vez ese deseo azul y blando
que no supo atrapar tu alma dormida.


Caracola (II)

El mar, al fin, te reveló el secreto.
Al quedar su color de porcelana
herido por el sol de la mañana,
descubrieron tus ojos el objeto.

Forma cónica, espíritu indiscreto
morando al interior, e historia arcana
revelándose más y más cercana,
al hacerse tu examen más completo.

Aplicada al oído, un torbellino
de rumores y ráfagas provino
de remoto país, allende el mar.

No sé qué fue, pero reconociste,
al fondo de ellos una voz tan triste
que su autenticidad te hizo llorar.


Caracola (III)

Eran tiempos de miel, de admiradores,
estrechando su cerco en torno al vuelo
sensual de tu vestido, blando anzuelo
cebado con indicios de favores.

Ninguna oferta redobló tambores
en tu interior, y cuando el terciopelo
de mansa voz logró agitar el suelo
bajo tus pies, tornaste a otros rumores.

Fue la voz que obstinada te ha seguido,
lugares y años, ya como gemido,
o susurro, o gentil revelación;

que juzgabas perdida, y que lo ha estado,
y aún hoy no sabes, cuando te ha llegado,
si un día aplacará tu desazón.

FRANCISCO ÁLVAREZ HIDALGO -Los Angeles-

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